Situé bien los explosivos. La estructura había perdido todos sus apoyos y se dirimía entre ser un mecanismo con movimiento propio o caer definitivamente. Aunque lo cierto es que el terreno parecía haber disipado toda su resistencia de corte y la condición de sifonamiento hubiera impedido cualquier avance. Además, la ecuación de compatibilidad estaba mal. Otra vez. Y con ella sólo llegué a errar la de comportamiento.
La verdad es que lo tenía todo planeado. El fallo de mi construcción y la detonación final, digo. Las historias para no dormir cumplieron demasiado bien con su misión y no me dejaron descansar hasta que supe en qué lugares debía poner la dinamita para que cayera el muro que me rodeaba. Y voló por los aires. Fue exactamente igual que en Violento Amor. Pero sin que hubiera amor.
La explosión arrasó mis sentimientos y los amigos que perdí, no me volvieron a doler. La explosión derribó las paredes y las marcas quedaron, obsoletas, por el suelo. La explosión desenmascaró que querer seguía pendiente y me devolvió lo que hacía tiempo andaba esperando.
Lo que yo tengo, lo que queda de mi lado, vuela más alto que lo que se llevó la detonación. ¡Y merecería una nominación disciplinaria por no haberme dado cuenta antes! Por haber dejado que me definiera como persona lo que ya no estaba, olvidándome de lo que permanecía. Olvidando que la esencia es lo que constituye las cosas, lo que permanece constante y es invariable en ellas. ¡Y mi esencia es tan grande! Está en Málaga, está en Sevilla, está en Santander, está en Almedina, en Reus, en Barcelona, se va de Séneca a Tarrasa o de prácticas a Francia. Mi esencia viaja por todo el mapa y yo no puedo hacer otra cosa que sonreír. Porque hay cosas que uno no espera tener.
sábado, 20 de abril de 2013
sábado, 2 de marzo de 2013
Los echos de menos
Me quedé solo en el coche, con las manos bien agarradas al volante. Como esperando a que se subieran más casualidades que me permitieran prorrogar lo improrrogable. Con esa sensación de tener ganas de reír y llorar, todo a la vez. Aunque, acompañado o no, sólo me importaba traerte hasta aquí, para que vieras que mis sábanas estaban tan liadas como yo. Con tanto desorden no sabía si marcharme a vivir al condicional o iniciar una guerra que lo derrocara definitivamente.
Lo cierto es que mi cabeza no para de recordar, y ya no son sólo las canciones tristes. Ahora también son las alegres y las sonrisas y las victorias. Es el cristal y es la película. Es Alex y es Vibraciones. Estás en todas partes. Y no paro de achicar agua, pero me rebosa sin remedio. La culpa es del cinturón de seguridad, que me ha dejado inmovilizado. Que me aprieta y me hace una marca cada vez más grande. Estoy completamente solo entre tanto asiento vacío. Entre tanta nada. Y aunque nada es lo que me quedaba por aprender, todavía no había llegado a la solución. Al final, los hechos de más se desprecian, y en el resultado sólo me queda echarte de menos.
Lo cierto es que mi cabeza no para de recordar, y ya no son sólo las canciones tristes. Ahora también son las alegres y las sonrisas y las victorias. Es el cristal y es la película. Es Alex y es Vibraciones. Estás en todas partes. Y no paro de achicar agua, pero me rebosa sin remedio. La culpa es del cinturón de seguridad, que me ha dejado inmovilizado. Que me aprieta y me hace una marca cada vez más grande. Estoy completamente solo entre tanto asiento vacío. Entre tanta nada. Y aunque nada es lo que me quedaba por aprender, todavía no había llegado a la solución. Al final, los hechos de más se desprecian, y en el resultado sólo me queda echarte de menos.
jueves, 14 de febrero de 2013
Gran Vía
El último día que le quise íbamos por la Gran Vía de Bilbao. Fue un momento. Luego desapareció. A veces me parecía que Jon se rompería con cada una de las palabras que me quedaban para él. Sin embargo, ahí seguía. Mirándome fijamente. Como intentando entender realmente qué estaba pasando. O qué no iba a pasar más.
-Tú no sientes nada porque eres como el invierno-me dijo.
Como siempre, el malo era yo.
-Tú no sientes nada porque eres como el invierno-me dijo.
Como siempre, el malo era yo.
domingo, 30 de diciembre de 2012
1997
Era mentira que no me acordaba de todo lo que pasó en 1997. Recuerdo que ella se equivocó. Decía cosas como que todo estaría bien y que lo malo no podría atravesar nuestras defensas, pero, realmente, se podía ver en sus ojos que ella misma no se creía ni una de sus palabras. Entonces llegó la ausencia. Entonces llegó la nada. Y empezó a romperlo todo, a dejarlo inservible. Exactamente igual que en el libro. El tiempo se paró. El mundo que conocíamos desapareció. Y con él las personas que éramos.
La nada estropeó los recuerdos, secó las lágrimas, se llevó los echos de menos. Fue un gran terremoto, con sus insoportables réplicas. Literalmente insoportables, no conseguimos vencerlas. Nos demostraron que éramos débiles, que ni siquiera nuestra unión servía para algo.
En 1997 estábamos sólos, no existía Bilbao, ni existía Jon. Intentábamos remendarlo todo, pero nunca era suficiente. Aquello nos perseguía allá donde fuéramos. Queríamos ser capaces de mirarlo directamente a los ojos sin que doliera, pero no lo conseguíamos. Entonces tuvimos que empezar a actuar como si no pasara nada, porque, a ojos del resto, no pasaba nada. Ellos hacían como si se preocuparan por lo que nos estaba ocurriendo, pero era mentira. Tan mentira como que realmente pertenecíamos a ese lugar.
Después también desapareció el nosotros. Del plural pasé al singular. La mayoría optaron por inmolarse, volviendo a lo que una vez habían sido, quedando atrapados en otro tiempo.
Yo me volví insensible. No tuve otra opción. Si realmente hubiera sentido todo lo que tenía adentro me habría matado. Me convertí en alguien frío. Y el frío dejó que la oscuridad entrara en mí. Fue un instante y me corroí. Veía la forma en la que entonces me miraban. Me había convertido en uno de ellos. Lo sabía porque yo solía mirar así a la nada. Pero todo eso daba igual porque para aquel momento ya podía actuar como si no me importara nada. Como si no sintiera nada. Como si ni siquiera pudiera ver mis propios cortes.
Claro que era mentira que no me acordaba de todo esto. Simplemente no quería recordarlo. Mis defensas tiemblan cuando otra vez aparece la ausencia, en cualquiera de sus formas. Bajan la temperatura, vuelve a ser Diciembre de aquel año y yo vuelvo a ser frío. Es algo automático, no lo puedo evitar.
Para entender esto, hay que entender la nada, hay que entender 1997. Hay que entender que las réplicas siguen llegando.
La nada estropeó los recuerdos, secó las lágrimas, se llevó los echos de menos. Fue un gran terremoto, con sus insoportables réplicas. Literalmente insoportables, no conseguimos vencerlas. Nos demostraron que éramos débiles, que ni siquiera nuestra unión servía para algo.
En 1997 estábamos sólos, no existía Bilbao, ni existía Jon. Intentábamos remendarlo todo, pero nunca era suficiente. Aquello nos perseguía allá donde fuéramos. Queríamos ser capaces de mirarlo directamente a los ojos sin que doliera, pero no lo conseguíamos. Entonces tuvimos que empezar a actuar como si no pasara nada, porque, a ojos del resto, no pasaba nada. Ellos hacían como si se preocuparan por lo que nos estaba ocurriendo, pero era mentira. Tan mentira como que realmente pertenecíamos a ese lugar.
Después también desapareció el nosotros. Del plural pasé al singular. La mayoría optaron por inmolarse, volviendo a lo que una vez habían sido, quedando atrapados en otro tiempo.
Yo me volví insensible. No tuve otra opción. Si realmente hubiera sentido todo lo que tenía adentro me habría matado. Me convertí en alguien frío. Y el frío dejó que la oscuridad entrara en mí. Fue un instante y me corroí. Veía la forma en la que entonces me miraban. Me había convertido en uno de ellos. Lo sabía porque yo solía mirar así a la nada. Pero todo eso daba igual porque para aquel momento ya podía actuar como si no me importara nada. Como si no sintiera nada. Como si ni siquiera pudiera ver mis propios cortes.
Claro que era mentira que no me acordaba de todo esto. Simplemente no quería recordarlo. Mis defensas tiemblan cuando otra vez aparece la ausencia, en cualquiera de sus formas. Bajan la temperatura, vuelve a ser Diciembre de aquel año y yo vuelvo a ser frío. Es algo automático, no lo puedo evitar.
Para entender esto, hay que entender la nada, hay que entender 1997. Hay que entender que las réplicas siguen llegando.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Marcas
Debí de sentir lo mismo en 1997, aunque lo cierto es que apenas lo recuerdo. He olvidado casi completamente lo que pasó ese año, aquello del gran terremoto y todas sus réplicas. De eso tengo cicatrices, no recuerdos. Solamente sé que no dejaron nada en pie. Ni siquiera a mí. Exacta e insoportablemente igual que ahora. Es lo mismo, estoy seguro. Algo ha tenido que salir mal, se supone que esto no debía pasar así. Que los echos de menos no podían perder contra los hechos de más. Que a los sentimientos no se les podía aplicar la propiedad distributiva. Y que el Segundo Principio no podía imponerse como única ley. Pero todo está mal. La entropía se ha disparado y todo está desordenado. Todo está en ruinas, todo está echado a perder. Todo es frío, es insensible, es egoísta. Es como tú. Sólo queda esta desesperación que devino de la determinación.
Dime que tu marca no es el final. Que yo no me he equivocado y que tú no has cambiado. Dime algo porque yo ya no puedo arreglar esto. No entiendo porque no paro de curarte, pero tú no dejas de morirte.
Dime que tu marca no es el final. Que yo no me he equivocado y que tú no has cambiado. Dime algo porque yo ya no puedo arreglar esto. No entiendo porque no paro de curarte, pero tú no dejas de morirte.
sábado, 17 de noviembre de 2012
El pasado
Aquí me acorrala lo obsoleto. Me rodea, me agarra, se pega a mí, no me deja en paz. Yo ya no quiero este camino ni todas esas cosas que tantas veces me he molestado en explicar. Yo sólo me pongo triste cuando pienso que Bilbao está demasiado lejos y que ya me he cansado de tener que publicar mil palabras para compensar un sólo hecho.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Ganar
Yo no sé qué se rompió. Ni si quiera sé si había algo que romperse. En el inicio todo es frágil y con un poco de viento se puede estropear. Es como se supone que debe ser. Pero por más que itero nunca llego a la solución óptima del problema, siempre me da la misma. Una y otra vez. Es un insoportable acierto detrás de otro. Así podría seguir infinitamente, pero sólo esperaré un poco más a ver si consigo cuadrar los números. A ver si yo también consigo cambiar de cuadrante y ser real. Para que las cosas no duelan más, para que nunca más venga toda esta pena. Tengo que seguir luchando contra él. Soy un superviviente y todavía aguanto, pero no sé cuánto tiempo más podré resistir, mis defensas están cayendo. Tengo que ser más fuerte que nunca, porque volveré a tener la opción de ganar todo esto, pero tendré que perder voluntariamente. Él siempre lo arruina todo, él lo hace imposible.
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