Todos se han revelado. Los girasoles le dan la espalda al sol y parecen dispuestos a no perder ni un sólo segundo más, dejando atrás la vida que alguien ha diseñado para ellos. Nosotros no podemos hacer lo mismo. La selección natural nos convirtió en superhéroes y, desde entonces, tenemos que afrontar nuestro destino cada 3 meses en aquellos sótanos que estan vacíos de algo que llene los corazones. Las 35 décimas-de-fiebre que faltaban me han dejado totalmente frío. No llego ni a la temepratura mínima para estar destemplado. Todo es culpa de ese lugar que vuelve tristes a las personas. Sin una razón especial, parece. Es un lugar lleno de ilusiones convertidas en intentos. Aquel libro ya hablaba de la gente que pasaba más tiempo del necesario en ese sitio: se lastiman más fácilmente, se cansan más pronto, lloran más, y recuerdan más. Y así, se vuelven tristes antes que nadie en el mundo.
Pensaba que no podría convertirme en una de esas libretas que acumulan direcciones a las que nunca más irás, pero estaba equivocado. Hace unos años, cuando nuestros poderes nos fueron revelados, todavía podíamos ser fuertes en las noches de invierno, y mantener el tipo contras las listas que atemorizaban a la población de aquel lugar con números que nunca rebasaban el cinco. Entonces, la palabra ilusión todavía tenía un sentido y luchar contra todo aquello también.
Pero el resto no acumulan derrotas una tras otra. Y no acumulan incumplimientos de varias promesas y media, ni acumulan mucho te quiero perrito, pero de pan poquito. Son todas esas cosas que tuve que dejar atrás para seguir en este camino las que gritan, desde lo lejos que las dejó el tiempo, que me equivoqué y que no dejo de hacerlo. Y, ¿si no puedes entender eso, cómo podrás seguir a mi lado?
lunes, 27 de junio de 2011
lunes, 30 de mayo de 2011
Una disputa, una farola y una historia al revés
Una palabra no dicha me lleva de vuelta a la sección de oportunidades perdidas de El Corte Inglés más cercano. Esta vez las derrotas llueven por el centro y los anticiclones llenan de amarillo chillón mi mapa con soles que sonrien y dan ganas de estrujar para que sonrían todavía más. Los libros se me quedaron pequeños, no saben que te chivé cual es la respuesta al gran problema sin que sus páginas-ordenadas-por-días pudieran hacer nada. Lejos de amilanarse, y actuando en defensa propia, las páginas de la 26 a la 47, que sospechaban que nuestra historia tenía un nudo, se rieron de mí aprovechando que el lunes les tocaba a ellas. Pues sí, claro que tenía un nudo, venía justo después de la introducción y de nuestro Principio de incertidumbre. Yo prefería no acordarme de él y convertir todo ese tiempo en un momento de inercia que nos impulsara a ver todas las señales que nos advertían de tanto coche roto que no alcanzaba la velocidad mínima y debía abandonar la autovía por la primera salida.
El etcétera y los puntos suspensivos llevan una ardua disputa desde hace mucho tiempo para imponerse como última intervención de nuestra historia, y pretenden que yo sea el encargado de convencer al resto del jurado de la absoluta razón de uno de ellos. Y la verdad, es que había algo que me empujaba a tirarme en marcha, con tanto secreto en la guantera y con el ticket de devolución caducado. Me daba pavor llenarlo todo con lo mismo y que no quedaran márgenes suficientes que me aseguraran que podría responder ante una caída repentina. Por eso, antes, hubiera apostado por un etcétera en todas mis historias que prolongará la felicidad de las miradas con lágrimas en los ojos, como la del zorro despidiendo al Principito. Pero hoy, el reloj se deja vencer por la gravedad y sus manecillas, como mis manos, quedan rendidas. El etcétera ya no puede solucionar nada. Confiando en su solvencia, y en la mía, lo ha hipotecado todo, y su aparición en nuestro final, sólo traería deudas. Por su parte, los puntos suspensivos siempre son tan tristes que sólo alguna canta-autora los querría para sus canciones de tardes de domingo que se transforman en lunes de 36 horas. Su disputa por la victoria se ha convertido para mí en el intento de descubrir cuanto antes la página 232 que me devuelva de golpe al presente.
Los miedos de la farola que ha cambiado de jefe recientemente y teme por su despido se amotinan bajo su luz naranja. Sabe que si se va, esto no será un hasta luego, y los adioses siempre se llevan demasiadas cosas. Las calles pueden iluminarse con muchas luces, por eso tendrá que luchar contra el frío que duerme la buena voluntad de la gente, y que separa en kilómetros las grietas que han superado su longitud crítica y han crecido descontroladamente hasta que entre tú y yo se ha colado este domingo astromántico que nos sube a una azotea que no cree en la magia. Que se transforma en una lucha de gigantes que nos divide en equipos distintos y que me obliga a ganarte, combatiendo mi amarillo feliz con tu naranja nostalgia. Es demasiado pronto para que sonrías. Será mejor que cambies el fondo de pantalla y empieces a redecorar tu habitación antes de que me de tiempo a tomarme el último café con la página 239 que me enseñará a distinguir entre las historias y las leyendas urbanas.
Ya lo sé. Claro que lo sé. Claro que me acuerdo. Cómo podría olvidar todo aquello. Yo fui quien construyó todo esto a base de ilusión y, a cambio, tú borraste la palabra olvido del diccionario. Y, de repente, yo lo tiré todo por tierra voluntariamente a expensas de ti y sabiendo que nunca comprenderías qué había pasado. Sabiendo que nunca encontrarías la palabra que podría solucionarlo todo, pues ya no estaba en tu diccionario. Es difícil que ellos lo comprendan. Los que vengan detrás nunca sabrán la verdad, ni entenderán la diferencia entre ‘must’ y ‘have to’ aplicada a la separación del número dos. Es demasiado pronto para que ellos lo comprendan.
viernes, 20 de mayo de 2011
Pero de pan poquito
Las sonrisas mal disimuladas son nuestra mejor arma contra las elecciones que llegan tarde debido al robo de los meses que huyen incumpliendo años como quien incumple promesas. Hace miles de días, harto del eterno retorno, decidí dar mi propio golpe de estado en las primeras elecciones de amigos en la época universitaria. No quería encontrarle el sentido a lo mal que se llevaban el dicho y el hecho, pero era tan fácil como preguntárselo directamente a ellos, aunque no respondieran entonces, ni respondan ahora. Nunca lo hacen cuando se les interroga directamente por algo. Muestran su cruz y vuelven a ser los mismos desconocidos que 2007 vio llegar a mi vida, cuando realmente creí escoger bien. Sin embargo, las disputas internas, los pactos por conveniencia y la demagogia como forma de expresión permanente, han acabado por hundir definitivamente aquello que creí tan sólido y que ha terminado resultando nada. Desde siempre te venden que el amor no dura eternamente, pero nadie te dice que hay amistades que tampoco. Su tiempo deja de traer días felices y, de una forma muy sútil, no te queda más remedio que abandonarles.
Ahora, no me tiembla el pulso a la hora de intentar sacar adelante una moción de censura que pueda acabar con todo esto que ya no me interesa. Ya no es posible que entiendan la apuesta que hice por cada uno de ellos y la decepción que me llevo con tanta noche de cristales rotos y, sobre todo, de cuchillos largos. Afortunadamente, Cortázar y Rayuela me enseñaron que basta con cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar. Para ello hay que estar muy atento, es el momento del desvío del que hablaba aquella película que nunca ví. La oportunidad para cambiar a las personas que conforman el hemiciclo de mi vida, que durante cuatro años fue ocupado por quien yo consideré mi grupo. No sé cómo, pero creo que ese aire cantábrico tan cercano en Andalucía ha reunido el suficiente apoyo para que pueda concurrir a estas elecciones. Ya sólo tengo que pensar en como hacer cabeza de lista a las gomas de borrar que dejan mensajes entre tanto apunte. A los militantes que todavía quieren formar parte de mi partido. A las mezclas de color imposibles. Y a los cientos de promesas que, gracias al robo de los meses, todavía tengo tiempo de cumplir.
Ahora, no me tiembla el pulso a la hora de intentar sacar adelante una moción de censura que pueda acabar con todo esto que ya no me interesa. Ya no es posible que entiendan la apuesta que hice por cada uno de ellos y la decepción que me llevo con tanta noche de cristales rotos y, sobre todo, de cuchillos largos. Afortunadamente, Cortázar y Rayuela me enseñaron que basta con cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar. Para ello hay que estar muy atento, es el momento del desvío del que hablaba aquella película que nunca ví. La oportunidad para cambiar a las personas que conforman el hemiciclo de mi vida, que durante cuatro años fue ocupado por quien yo consideré mi grupo. No sé cómo, pero creo que ese aire cantábrico tan cercano en Andalucía ha reunido el suficiente apoyo para que pueda concurrir a estas elecciones. Ya sólo tengo que pensar en como hacer cabeza de lista a las gomas de borrar que dejan mensajes entre tanto apunte. A los militantes que todavía quieren formar parte de mi partido. A las mezclas de color imposibles. Y a los cientos de promesas que, gracias al robo de los meses, todavía tengo tiempo de cumplir.
domingo, 10 de abril de 2011
Sólo ida, por favor
Mi corazón cicatriza demasiado rápido. Desde fuera parece todo lo contrario, pero ellos no saben que aquí el tiempo corre de manera distinta. Se ha ido entrenando con el paso de los años, que son de su dominio. Y como también lo son los días, todos los miércoles, nada más amanece, se va a correr por el borde del río. Y río que te ríe con su buen humor matutino, parece que gasta todas las sonrisas de buenos días que guardo en el bote de al lado de mi cama. Con semejante contrincante es mejor aplicarse eso de que una retirada a tiempo es una victoria, pero es que ni con esas podría ganar un segundo puesto. No hay ni que decir que el tiempo tiene el monopolio de todos los segundos del mundo. Además, mi Retiro lo dejé en Madrid tiempo atrás, justo cuando mi magnetismo se convirtió en sólo uno de esos velcros que ni siquiera se mantienen unidos. Fue entonces cuando me di cuenta de que antes tardaba en cicatrizar años y ahora a penas unos meses. Y eso que antes no sabía querer y ahora sí.
El cardiólogo me dijo que el problema no estaba en mi corazón. 'Usted lo que tiene es un enfriamiento global'- me informó. Todo yo sufro un proceso progresivo de congelación. Durante algún tiempo, la situación mejoró gracias a la concienciación que un habitante extranjero trajo a mi pequeño planeta, pero tras su fuga, el frío me vuelve a ganar terreno. Creo que tanto tercer puesto en mis disputas con el tiempo me han hecho crecer a un ritmo transgénico. Es todo eso que se va quedando tras de mí lo que está destruyendo la capa de recuerdos que protegía mi planeta. Ahora todo duele, pero el frío hace ver que no. Es algo adictivo. Por eso mi corazón cicatriza cada vez más rápido. O eso me creo yo. Los activistas luchan con todas sus fuerzas para poder poner remedio a la situación a tiempo. Ponen carteles, organizan manifestaciones, pero todo es en vano. Cada vez se les oye menos. El enfriamiento les está afectando como a cualquier habitante de mi planeta y su voz se hace fina pero insegura. Sin saberlo, los fantasmas también contribuyen a restablecer la situación de planeta normal que un día reinó. Ellos siguen haciendo las mismas cosas de siempre, sin saber que dejaron de existir hace mucho tiempo. Y lo cierto es que puede ser tarde. Quizá el enfriamiento global sea ya un proceso irreversible y mañana los 257 sentimientos que intenten impactar contra mí, se verán obligados a resbalar por el hielo que lo habrá invadido todo. Me habré convertido en alguién frío. Y ni si quiera la historia más triste de amor me dará pena. Las lágrimas no existirán porque caerán al suelo congeladas y se romperán. Sin más.
Y quizá, entonces, no sea todo tan malo, ya verás.
El cardiólogo me dijo que el problema no estaba en mi corazón. 'Usted lo que tiene es un enfriamiento global'- me informó. Todo yo sufro un proceso progresivo de congelación. Durante algún tiempo, la situación mejoró gracias a la concienciación que un habitante extranjero trajo a mi pequeño planeta, pero tras su fuga, el frío me vuelve a ganar terreno. Creo que tanto tercer puesto en mis disputas con el tiempo me han hecho crecer a un ritmo transgénico. Es todo eso que se va quedando tras de mí lo que está destruyendo la capa de recuerdos que protegía mi planeta. Ahora todo duele, pero el frío hace ver que no. Es algo adictivo. Por eso mi corazón cicatriza cada vez más rápido. O eso me creo yo. Los activistas luchan con todas sus fuerzas para poder poner remedio a la situación a tiempo. Ponen carteles, organizan manifestaciones, pero todo es en vano. Cada vez se les oye menos. El enfriamiento les está afectando como a cualquier habitante de mi planeta y su voz se hace fina pero insegura. Sin saberlo, los fantasmas también contribuyen a restablecer la situación de planeta normal que un día reinó. Ellos siguen haciendo las mismas cosas de siempre, sin saber que dejaron de existir hace mucho tiempo. Y lo cierto es que puede ser tarde. Quizá el enfriamiento global sea ya un proceso irreversible y mañana los 257 sentimientos que intenten impactar contra mí, se verán obligados a resbalar por el hielo que lo habrá invadido todo. Me habré convertido en alguién frío. Y ni si quiera la historia más triste de amor me dará pena. Las lágrimas no existirán porque caerán al suelo congeladas y se romperán. Sin más.
Y quizá, entonces, no sea todo tan malo, ya verás.
domingo, 3 de abril de 2011
Cortocircuito
En bloc de notas, todo queda mejor escrito. Pero fue cuando me quedé sin palabras que escribir, cuando descubrí un lugar de los de quedarse a vivir. Es raro, porque Noviembre aquí no cuenta. Pero casi que mejor. Así me quedo con veinte, y le gano un año al resto. Pero, para entenderlo bien, habría que empezar a contarlo todo desde el principio.
Empezando porque las vueltas de tuerca siempre se me dieron bien. Eso si, sin apretar mucho, que nunca es bueno pasarse. Continuando con que mi corriente continua dejó mi capacidad totalmente abierta a una señal constante-mente repetitiva. Y, aunque un montón de partículas hubieran querido mi forma de onda para ellas, me pareció demasiado seductor el regimen transitorio. Convertido en autoinducción, los Voltios me declararon la guerra sabiendo que mi rendición estaba cerca. Afortunadamente, la redención la gané vitaliciamente hace tiempo junto al apoyo solitario del imperio Amperio, lo que en la batalla final nos llevo a perder precipitadamente y sin tensión. Y entonces, entré en cortocircuito.
Hay algo en lo que la chica de la habitación de al lado llevaba razón: el continuo espacio-tiempo no iba a hacer una excepción conmigo. Imbuida en el espíritu de John Lenon, no sólo me ayudo a entender que la vida pasa, sino que sus planes fueron darme la chapa hasta que me concienciara de ello. A cambio, me propuse enseñarle el eterno retorno. Decidí dejar a María Zambrano en la estación, y volar cual super-hombre hasta los pensamientos de Nietzsche, y como todo vuelve cíclicamente. Mientras intercambiamos viajes de ida y vuelta, los días grises se convirtieron sólo en una opción. Nos hicimos un apaño con los sillones para estar más cómodos y la tele se convirtió en aliada. Creamos una especie de triple-entente con el sofá, y nos independizamos del resto. Es la mejor decisión cuando cambias tu forma de ver las cosas y las cosas que ves, cambian.
De arriba a abajo, me quedé en el medio, con aires de familia. Con un tercer intento de completar al menos un año entero sumando dos. Prohibiendo enfados y regalando sonrisas. Creo que esa debe ser la fórmula para conseguir la reacción adecuada. Lo único que me falta es ajustarla bien, que al final, los oxígenos siempre me bailan con la excusa de ir de dos en dos. Yo prefiero hacer las cuentas mentalmente para no tener que usar la goma más de lo necesario. No me gusta borrar cosas que escribí, que si lo hice fue por algo. Y la solución no vale si te olvidas del planteamiento. Eso de eliminar partes de la historia se lo dejo a otros, que tienen mas experiencia. En la estela de los cometas estaba la clave. No es casualidad que ella siga aquí conmigo. Sin saber muy bien que decir y en ocasiones fallando. Pero estando. Además, para arreglar palabras ya tenemos a la jefa, que echa la quiniela y le toca hasta el complementario.
Las mejores trayectorias en los concursos se miden en progresos. Los concursantes que siempre han estado ahi, pero van a más, siempre les ganan a los que son favoritos desde el principio. ¡Y yo con la vida en modo aleatorio! La gente que oiga más allá de sus latidos, puede cruzar la pasarela e ingresar en mi equipo para intentar sacarlo del descenso. Sólo alguien que actue con el corazón vendría sin dudarlo a mi equipo. A luchar por mí y conmigo para seguir estando entre los más grandes, o sea, impidiendome hacerme pequeño, pequeño hasta desaparecer. Por eso, a la hora de fichar, lo hago con sentimientos, y no con pensamientos.
El riesgo de extinción me amenaza como si fuera un lince, y es que de mi título de prefecto no queda mucho, y encima, sigo en cortocircuito a la espera de llegar al regimen permanente. Y aún así, aquí están conmigo. Éste.
Éste era el lugar del que te hablaba.
Empezando porque las vueltas de tuerca siempre se me dieron bien. Eso si, sin apretar mucho, que nunca es bueno pasarse. Continuando con que mi corriente continua dejó mi capacidad totalmente abierta a una señal constante-mente repetitiva. Y, aunque un montón de partículas hubieran querido mi forma de onda para ellas, me pareció demasiado seductor el regimen transitorio. Convertido en autoinducción, los Voltios me declararon la guerra sabiendo que mi rendición estaba cerca. Afortunadamente, la redención la gané vitaliciamente hace tiempo junto al apoyo solitario del imperio Amperio, lo que en la batalla final nos llevo a perder precipitadamente y sin tensión. Y entonces, entré en cortocircuito.
Hay algo en lo que la chica de la habitación de al lado llevaba razón: el continuo espacio-tiempo no iba a hacer una excepción conmigo. Imbuida en el espíritu de John Lenon, no sólo me ayudo a entender que la vida pasa, sino que sus planes fueron darme la chapa hasta que me concienciara de ello. A cambio, me propuse enseñarle el eterno retorno. Decidí dejar a María Zambrano en la estación, y volar cual super-hombre hasta los pensamientos de Nietzsche, y como todo vuelve cíclicamente. Mientras intercambiamos viajes de ida y vuelta, los días grises se convirtieron sólo en una opción. Nos hicimos un apaño con los sillones para estar más cómodos y la tele se convirtió en aliada. Creamos una especie de triple-entente con el sofá, y nos independizamos del resto. Es la mejor decisión cuando cambias tu forma de ver las cosas y las cosas que ves, cambian.
De arriba a abajo, me quedé en el medio, con aires de familia. Con un tercer intento de completar al menos un año entero sumando dos. Prohibiendo enfados y regalando sonrisas. Creo que esa debe ser la fórmula para conseguir la reacción adecuada. Lo único que me falta es ajustarla bien, que al final, los oxígenos siempre me bailan con la excusa de ir de dos en dos. Yo prefiero hacer las cuentas mentalmente para no tener que usar la goma más de lo necesario. No me gusta borrar cosas que escribí, que si lo hice fue por algo. Y la solución no vale si te olvidas del planteamiento. Eso de eliminar partes de la historia se lo dejo a otros, que tienen mas experiencia. En la estela de los cometas estaba la clave. No es casualidad que ella siga aquí conmigo. Sin saber muy bien que decir y en ocasiones fallando. Pero estando. Además, para arreglar palabras ya tenemos a la jefa, que echa la quiniela y le toca hasta el complementario.
Las mejores trayectorias en los concursos se miden en progresos. Los concursantes que siempre han estado ahi, pero van a más, siempre les ganan a los que son favoritos desde el principio. ¡Y yo con la vida en modo aleatorio! La gente que oiga más allá de sus latidos, puede cruzar la pasarela e ingresar en mi equipo para intentar sacarlo del descenso. Sólo alguien que actue con el corazón vendría sin dudarlo a mi equipo. A luchar por mí y conmigo para seguir estando entre los más grandes, o sea, impidiendome hacerme pequeño, pequeño hasta desaparecer. Por eso, a la hora de fichar, lo hago con sentimientos, y no con pensamientos.
El riesgo de extinción me amenaza como si fuera un lince, y es que de mi título de prefecto no queda mucho, y encima, sigo en cortocircuito a la espera de llegar al regimen permanente. Y aún así, aquí están conmigo. Éste.
Éste era el lugar del que te hablaba.
domingo, 27 de marzo de 2011
Mucho más que eso
Llevo un montón de tiempo nominando sin piedad a Noviembre y a Diciembre. Me hacen la convivencia imposible. Siempre que están cerca de mí, me siento tan vacío, que todo duele por dentro. Sin embargo, no sirve de nada. La audiencia siempre los salva y nos tenemos que volver a ver las caras en la casa. Yo con ellos me cruzo deprisa, como si yo también bailara solo. Y en una de esas canciones fue cuando empecé a sospechar que quizá quien estaba detrás de mi odio a Noviembre y a Diciembre era Octubre. Con tanta celebración, siempre hemos estado muy unidos, pero tras el cambio de hora, lo he visto todo claro. No me salen las cuentas de otra forma. Octubre fue quien me puso la hoja en blanco y borró todo lo que tenía. El que se cargó tantas despedidas de las de colgar y llorar. El que me puso en contra a la mayoría del calendario. Octubre dijo nunca más, pero yo lo he pagado con los otros. A veces, te das cuenta de estas cosas demasiado tarde, o incluso, demasiado pronto. Pero siempre es el momento equivocado. Como si los puzzles fueran función del tiempo, y las piezas que ayer encajaban, hoy no lo hacen.
Mientras, en la casa, lo único que pasa es la vida. Y es eso precisamente lo que me hace no abandonar. Eso y que con el aislamiento no me dejo llevar por lo que dice el horóscopo. Justo antes de entrar, Marte ingresó en mi signo y todo empezó a ir mejor, pero no sé porqué, los astros pretendían que rompiera el corazón de alguien a quien un día quise, y luego quise odiar. Y luego quise no haber conseguido lo último. Sin embargo, para entender porqué estoy aquí, tendría que remontarme semanas atrás, cuando un día me vi rodeado de las mismas letras de siempre. No me lo pensé ni un segundo. Hice la maleta y me vine, sin que nadie a mi alrededor tuviera mucho que ofrecerme. Fue como un gol en el descuento. Algo que ocurrió en el último momento y contra todo pronóstico, como a mí me gustan las cosas. Igual que cuando la audiencia decidió que debía abandonar la casa Enero y no yo. ¡Parecía tan fuerte con todos esos días cargados de exámenes! Pero, ¿sabes? no me hubiera importado haber sido el expulsado y haber tenido mi entrevista. Con mis videos de los buenos momentos y, sobre todo, de los malos. Sabiendo que, si supe defender 1997, podría haber defendido las acusaciones de haberme dejado llevar por la tristeza. Porque sí. Eso realmente fue así, pero yo, al menos, no me llevo a mis espaldas haber roto un corazón. Ni siquiera haber herido a nadie. Sin embargo, quedarme esa semana es lo que me hizo derribar definitivamente mi pantalla de resistencia. Lo que me hizo decidir poner las extrasístoles en tratamiento y entender que sigo en todo esto por algo, y que, sea por lo que sea, yo debo responder a los meses que si creyeron en mí. Todos esos que se alegraban cuando volvía de la sala de expulsiones.
Ahora todo está bien. Por fin lo puedo decir. Durante todo este tiempo, he tenido la necesidad de que alguien me salvara. Mis compañeros, el público, cualquiera. Y se lo agradezco a todos los que me han permitido llegar hasta aquí, tan lejos, pero ya he aprendido, otra vez, a salvarme a mi mismo. Por eso, cuando digan mi nombre, no se romperá el sueño. Esta vez, no. Las historias, no son interminables. Ni siquiera el propio libro lo era.
lunes, 14 de marzo de 2011
Alguien me enseñó
La verdad es que no sé qué decirte. Hace nada estaba ahí tan tranquilo, como siempre. Viviendo con hechos y arrancando colores. En Diciembre, llovía. En Octubre, llovía. Y el fin de semana fue como un Noviembre condensado en dos días. Para las prisas, un autobús directo al aeropuerto. Allí, los vuelos de días azules llegaban con retraso. Con un insoportable retraso. Hubiera perdido los papeles, pero es que nunca llegué a encontrarlos. Tenía que haberlos buscado considerándolo una cuestión de obligación moral y no de necesidad natural. Siempre me equivoco y lo hago al revés. Me pasó lo mismo con eso de la felicidad y su escurridiza tarjeta de embarque. No sé cómo lo hace. Siempre la ponen en clase preferente y nunca coincidimos. Ya sabes, los trucos fáciles para los días duros y la doble moral de las compañías. Se permite exceso de labios, pero no de besos. Y yo, y esa manía de buscar el futuro en el pretérito imperfecto, directos a clase turista. Contigo. Y no sé muy bien qué decirte en medio de todo esto. Siempre igual, ya no me acuerdo de quien eras. La cosa es que te miro y mi mente quiere recordarte. Miro tus manos, que no paran de moverse, como intentando explicarme quien fuiste en mi vida, y sigo en blanco. Tus ojos quieren decirme algo, pero se quedan callados. Tu boca parece triste, pero no hay manera. Ando por mi cabeza buscándote en algún rincón, y sigue sin haber forma. Te perdí entre tanta terminal. Entre tanto terminar. Pero no te preocupes. Quizá mi memoria sea de efecto retardado. Es eso, ya verás. Llegará el día. Después de echarnos a perder sería una pena perdernos. Cuídate, hay algo en ti que me dice lo que significaste para mí. Es esa mirada tan triste y esa sensación de tener que protegerte. Tienes que entender que no puedes embarcar con todo lo que guardas dentro. Los recuerdos no son equipaje de mano. Eso se queda en tierra. Yo lo aprendí muy bien. Si quieres volar, los recuerdos se entierran.
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