jueves, 20 de septiembre de 2012

Septiembre

Había entrado con un pensamiento completamente distinto al que tenía desde hacía un par de meses. Y perfectamente podía ser el reto más difícil de cuantos Septiembres había vivido. Pero ahí estaba él. Si le vieras cuando le da el sol en los ojos entenderías todo lo que digo. Es como si hubiera estado en sitios en los que ni siquiera antes había pensado. Y como si encendiera de golpe todo lo que antes había estado apagado. Esperando.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Corea

Ella llevaba razón. Se había pasado la tarde tratando de convencer a los chicos de que si Corea eliminaba a Italia, también podría eliminar a España del mundial. El resto no le hacían caso porque, según ellos, sólo era una chica. Mientras hablaba, me miraba y yo sentía que sólo hablaba para mí, y, en cierto sentido, así era. Con los años me enteré de que no era casualidad y entendí que fui un estúpido por dejarla pasar.

jueves, 30 de agosto de 2012

New Hampshire

Como no tenemos nada que nos retenga, Alex y yo cogemos el primer vuelo que sale a New Hampshire. Quedarse aquí con Jon es como escoger la soledad en cualquiera de sus manifestaciones. Hablo con él y no sé si sabe lo mío con Alex, y no dejo de preguntarme si mientras está en mi pensamiento estará mirando fijamente en su móvil una de esas panorámicas de Santander. En el aeropuerto, Jon me dice que lo siente, que yo llevaba razón, que debía haberse quedado conmigo y yo le pregunto qué hará por Bilbao y no le digo que 1997 se ha vuelto a repetir.

jueves, 9 de agosto de 2012

Algo de corazón

Te lo voy a contar todo. Te voy a contar lo feliz que me sentí justo en el lugar que tú ahora ocupas. Cómo me sentía el más afortunado por creer haber encontrado algo tan único. Y, durante días, me sentí el más orgulloso. Y, durante meses, pensé que nuestra conexión era inalcanzable. Sin embargo, después de todo eso llegó la fractura. El completo descontrol de unas grietas que no fui capaz de ver en su momento y que acabaron con tanta unión. Es difícil ver pasar lo que quieres delante tuya y no mover ni un solo músculo para alcanzarlo, pero hay ocasiones en las que no te queda otra. Así, le eché de menos cada día hasta que me volví vulnerable. Y como si no hubieran pasado tantos meses en medio, otra vez las sonrisas, la confianza, las tonterías. Pero no es tan fácil como parece. También volvieron aquellos cambios de humor, aquellas desapariciones repentinas. Un día tras otro me estallaba la cabeza y la vida, en parte, también. Agarré fuerte la ilusión entre mis manos para que no se cayera. Apreté mis dientes y seguí caminando dispuesto a tirar de él. Hasta que entendí que él no quería seguir por mi camino. Pedí a gritos mi nominación, pero cuando me vi con un pie en la calle, deseé con todas mis fuerzas que la audiencia me salvara, para luego darme cuenta de que solo un abandono voluntario me habría sacado de todo aquello. Y puedes creerme, o puedes no hacerlo, pero se lo pedí. Le pedí que me dejara ir. Porque yo ya no podía más. Ya no quería seguir así. Ya me daba igual tirar por la borda todo aquel largometraje, aunque por dentro me moría de miedo de tan sólo pensar que aceptaría mi rendición y que todo se acabaría realmente ahí. Igual que la primera vez.

Ahora, algunos días son geniales y otros son horribles, pero lo he hecho lo mejor que he podido. No sé si lo hubiera conseguido de otra forma ni si después de tanto tiempo su significado pierde valor. Es algo que no puedes comprender porque incluso a mí me cuesta trabajo, porque he pasado las peores noches que pudieras imaginar y porque, al final, me quedó cicatriz. Pero no puedo evitarlo, él me habla en palabras y yo le veo en sentimientos. Por eso sé que seguramente ahora está pensando que le odio, pero no lo entiende, no es así, sólo estoy cansado de jugar con sus reglas, nada más.

Soy un ganador porque he luchado cada centésima de cada segundo. De mejor, de peor forma, pero lo he hecho. Y eso no me lo puedes quitar. Que tú ahora vayas a su lado no tiene nada que ver, eso es lo que no entiendes. Yo lo intenté. No tienes ni idea de cuánto me esforcé. Intenté hablar con él, ser sincero, ser su apoyo, pedí ayuda, escribí, comprendí su mayor secreto e incluso le perdoné todo. Y nada funcionó. Nada de lo que hice logró influir en él. Así que no te atrevas a quedarte ahí y decirme que no lo intenté. Porque lo hice. Pero fue tan estúpido que no se dio cuenta.

No soy yo el que tengo que ir más allá. El respeto se gana. Pero, ¿tú qué te has ganado?


lunes, 2 de julio de 2012

Una razón lógica

La competición es cada vez más exigente. No todos soportan su ritmo y se ven obligados a abandonar por la primera salida que encuentran. Hay que saber muy bien reservar las fuerzas para cuando son realmente necesarias. Tomar mucha ventaja al comienzo no sirve de nada. Los que son favoritos desde el principio acaban cediendo poco a poco al desgaste. Luego, las temporadas siempre parecen alargarse más de la cuenta, pero, cuando terminan, los tres últimos clasificados deben perder la categoría. Al final sólo importa el resultado. El casillero de puntos. Lo que ha pasado en el campo se queda como una anécdota, y aunque debería ser lo realmente importante, no lo es. Y no siempre es justo, hay equipos que hacen buenas temporadas que se ven abocados al descenso. Son las reglas.

Los aficionados siempre se apiadan de los equipos modestos que luchan por seguir en Primera. No importa que cometan errores, es lo que se espera de ellos. Muchas veces, la inexperiencia de los recién ascendidos lleva a su inadaptación. La indecisión no ayuda en nada porque no hay margen para el error, y hay que saber sacar la cara sin presión o con ella. Los jugadores deben aprender rápidamente lo que es el trabajo en equipo. Y que si cae uno caen todos. Deben actuar y dejar de ser esa clase de personas que tienen tanto miedo al fracaso que piensan que la menor obligación ya es una gran responsabilidad. Y aunque desde fuera el público sea permisivo, a nadie le gusta cometer errores. 


El calendario de este año nos ha perjudicado constantemente. Ya sabes, la federación siempre respeta a los clubes históricos y los que empezamos de cero tenemos que ganarnos el hueco. Creo que perdimos muchos partidos por no saber imponer nuestro juego. Perdonando, quizá, demasiado. No supimos plantarle cara a los grandes equipos, y, aunque salimos al campo con ganas de comernos el mundo, muchas veces fue el mundo el que nos comió a nosotros. Sin embargo, también hubo partidos que di por perdidos desde el comienzo y volvimos a casa con la mayor de las victorias. Hubo jornadas en las que tuvimos que confiar en el futuro porque las matemáticas nos dejaban muy lejos de nuestro objetivo, y jornadas en las que ni siquiera podíamos agarrarnos a ese futuro pensando que mañana no habríamos conseguido nuestra meta. Las circunstancias nos hicieron crecer y madurar. A base de perder, pero también de ganar. 


Nos hemos mantenido en segundo plano, como intentando pasar desapercibidos. Hemos pasado muchos días ocupando plazas de descenso y, a ojos del resto, éramos carne de Segunda División. Pero creo que finalmente lo hemos conseguido. Nos quedamos un año más. Resulta que había tres equipos todavía más débiles que nosotros, si cabe. La verdad es que no sé si tiene mucho mérito conseguir la permanencia así. Además, mantenerse en la categoría puede ser el peor de los castigos para un equipo modesto como nosotros. Sobre todo si ya no hay unión entre sus jugadores. A veces es mejor entender que no hay más que hacer y no prorrogar el contrato por una temporada más que pueda traer consecuencias peores, como la desaparición definitiva de la entidad que formamos. Es difícil aceptar que no todas las victorias son positivas, así como no todas las derrotas son sinónimo de pérdida.


A menudo luchamos mucho para conseguir algo, pero una vez lo tenemos, no luchamos de la misma manera para conservarlo. Y tan a menudo sólo se necesita una razón lógica. Una razón lógica que lo explique todo.

martes, 19 de junio de 2012

Un robot

Hay decisiones que se toman sin ni siquiera darse cuenta. Tu elección es esta y la mía la contraria. Y es una pena. Es una pena porque yo me acuerdo de todo. Incluso de las cosas malas. Y de las cosas que no sabes que sé. Y con todo eso, como las otras veces que perdí, pienso que esta es diferente. Que la diferencia vendrá marcada por la deferencia. 
Es como si no hubiese aprendido nada en todo este tiempo. ¡Pero claro que lo he hecho! Tengo recuerdos. Tengo memoria. Y a veces todavía pienso que me puede explotar el corazón. Y aunque ya debería saberlo todo sobre esperar y sobre el tiempo y sobre los errores que conllevan, la verdad es que ahora mismo no sé nada. Sigo creyendo que lo importante es lo que uno siente adentro, y que luego llega la vida. Que la cabeza es mejor dejarla para los exámenes y que hay que ponerla en cuarentena para asumir riesgos. 
Yo no era de los que creían en los arrepentimientos tardíos. Es más, los odiaba. Pero ahora no puedo parar de preguntarme si realmente pueden existir. Si realmente quiero que existan. Y en la búsqueda de la respuesta he entrado en millones de guerras que no eran las mías para, sin darme cuenta, defender mi propia causa. Pensando que si ellos ganaban, que si ellos no lo daban por muerto, en cierta manera yo también podría salvar el obstáculo. Porque no hay nada más allá de una derrota. Los ganadores morales no ganan nada.


Y me encantaría poder pensar que no te has equivocado. Que ninguno de ellos lo hizo. 
Pero no puedo.

lunes, 7 de mayo de 2012

Un paso en falso

El nivel freático me ahoga. Parece que siempre pasa lo mismo, al principio no resulta difícil excavar y alcanzar cierta profundidad, pero luego llegan las inundaciones.

Los esfuerzos por achicar el agua no sirven de nada. Parece que sólo quedo yo para evitar que, en cuestión de días, esta obra quede completamente impracticable. La condición de sifonamiento me acecha y, cuando me alcance, todo en lo que he trabajado no será capaz de soportar más. Habrá perdido esa capacidad. Entonces, no se podrá hacer nada para arreglarlo y mi obra quedará a merced de las autoridades competentes que no tendrán más remedio que clausurarla.

Y no es justo. No es justo porque yo no quise empezar esta construcción, pero seré yo el único que pague sus consecuencias. Tendré que asumir las (ir-)responsabilidades de otros y ni siquiera podré decir nada porque el que planeó esta estructura lo hizo sin contratos de por medio.

La culpa también es mía. No quise hacerle caso al informe preliminar que me advertía de que mi suelo ya había llegado a su límite mucho antes de comenzar las excavaciones. A cambio, me creí la promesa de la constructora y jamás pensé que, de una semana a otra, se desentendería de su trabajo. No quise recordar que cuando un suelo llega al colapso sólo puede plastificar o romperse. No hay más opciones y las dos acaban igual.

Yo ya probé eso de la rotura. Ahora toca plastificar durante algún tiempo.